donderdag, mei 27th, 2010...18:18
Habla un narcoabogado mexicano
(Dit artikel werd vandaag gepubliceerd op de Spaanstalige website van Radio Nederland Wereldomroep)
Su profesión es defender a traficantes de drogas en los tribunales. A veces el pago que reciben es la muerte. En la guerra mexicana contra el narcotráfico los abogados llaman poco la atención, pero forman un grupo altamente vulnerable.
Jan-Albert Hoosten, corresponsal de Radio Nederland, habló con uno de ellos en Culiacán, una de las ciudades más violentas de México.
“Aquí en Culiacán cualquiera que mantenga relaciones con el narcotráfico está expuesto a una muerte violenta. Muchas cuentas se pagan con la muerte. Si traicionas a una organización criminal, te asesinan”. Isaac Pablo Alvarado Rosas, de 37 años, prefiere no responder preguntas sobre casos específicos, o hablar sobre sus actuales clientes: “no, no puedo dar nombres o detalles. Solo le puedo decir que me ocupo de asuntos relacionados con el crimen organizado. Traficantes de drogas, personas amenazadas con la extradición a Estados Unidos, etc.”.
Narcoabogados
Las precauciones que toma Alvarado parecen lógicas. Su espacio de trabajo es el derecho penal. En Culiacán, capital del Estado de Sinaloa, en el norte de México, quienes hacen trabajos como el suyo son conocidos como “narcoabogados”. Un oficio peligroso. Desde que el presidente Felipe Calderón involucró al Ejército en la lucha contra el crimen organizado, en 2006, la violencia se ha escapado de las manos. Según cifras oficiales han muerto más de 23 mil personas. Con más de 500 asesinatos en 2009, Culiacán es la segunda ciudad más violenta del país, después de Ciudad Juárez.
En la guerra de la droga los abogados forman un grupo altamente vulnerable. Los traficantes, especialmente los ubicados en lo alto de la jerarquía, pagan generosamente su defensa en los tribunales, pero exigen buenos resultados de antemano. Una sentencia adversa puede significar la muerte del abogado. Y la amenaza no solo proviene de clientes decepcionados sino también de bandas rivales.
Degüello de abogados
Desde 2006 a la fecha se conocen varios casos. En agosto del año pasado, en la ciudad de Monterrey, fue asesinada a balazos la abogada María Villanueva. Un mes más tarde la víctima fue Américo Delgado, que murió degollado en Ciudad de México. Ambos letrados habían defendido a conocidos sospechosos de narcotráfico. En Culiacán también ha habido asesinatos de abogados en los últimos años. A esto hay que agregar que en un sistema judicial como el mexicano, donde la corrupción y la impunidad son sistemáticas, los asesinatos de narcoabogados casi nunca se investigan a fondo.
Estigma
Alvarado conoce muy bien estas historias. “Yo mismo recibo regularmente amenazas de muerte. No de los líderes de los cárteles porque mis clientes son de nivel más bajo. En cualquier caso, como abogado hay que trabajar con sumo cuidado. Nunca reconocer un error, por ejemplo. Te puede costar la vida. Cobrar por anticipado o hacer promesas que no se pueden cumplir puede ser fatal. Es un trabajo tremendamente agotador. Muchos de mis colegas han recibido también amenazas y algunos han sido asesinados”.
Los narcoabogados cargan además con el estigma de formar parte de organizaciones criminales. El gobierno mexicano considera a los abogados de los barones de la droga como parte activa del narcotráfico. En algunos casos esto es cierto, pero en su gran mayoría los abogados mexicanos simplemente trabajan apegados al derecho.
Cada vez más jóvenes
“El gobierno mexicano hace a menudo acusaciones infundadas”, sostiene Alvarado. “Por esta razón cada día son más los colegas que abandonan el derecho penal. Tienen miedo a las consecuencias de hacerse cargo de algún caso relacionado con las drogas”. La sensación de inseguridad tiene otra consecuencia, cual es que los abogados que se atreven a defender a narcotraficantes son cada vez más jóvenes. “Nuestros colegas de más edad y con prestigio”, dice Alvarado, “prefieren vivir tranquilos y seguros. En cambio, los que vienen saliendo de la universidad, son más arriesgados y toman los casos que se les ofrecen”.
A pesar de los peligros y el estigma, puede resultar atractivo defender a un narcotraficante. Las sumas que ofrecen los cárteles a sus abogados suelen ser extraordinarias. Sin embargo, Alvarado sostiene que para él se trata de justicia. “En este país el gobierno suele no respetar los derechos más básicos. Lo que a mí me interesa es defender a personas inocentes, y en estos casos hay muchos acusados que son realmente inocentes”.
Un trabajo agotador
Alvarado asegura que no seguirá haciendo este trabajo toda su vida. “Me he prometido terminar con esto antes de los 45 años. Es tremendamente agotador y a veces me causa incluso problemas con mi familia. En algún momento voy a parar, a pesar de que me gusta mucho”.
1 Comment
mei 27th, 2010 at 18:41
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